| Cerámica: Cerámica común |
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Bajo este epígrafe se recoge aquella cerámica común de cocina y mesa, denominada así por ser de uso más habitual y cotidiano. Durante las primeras décadas de la ciudad, conviven los productos cerámicos tanto de origen romano como de tradición indígena, estos ricamente decorados con estampados, espatulados, etc. En los dos siglos posteriores, se imponen las modas y modelos ya plenamente romanos, donde podemos encontrar un variado repertorio formal, destinados a los más variados usos: ollas de cocina y almacenaje, tapaderas, vasos, cántaros y jarras, bandejas, morteros, recipientes de engobe rojo y otros algo más exóticos. En esta etapa también se establece en la ciudad una importante industria alfarera de cerámica común, que dedica parte de su producción a la exportación a otras zonas limítrofes. A partir de finales de la tercera centuria y sobre todo durante el siglo IV d.C., esta industria local decae a consecuencia de la desaparición de la mayor parte de los talleres alfareros. Pero las producciones de cerámica común, siguen presentes en la ciudad a través de los productos de cerámica engobada y cerámica de pasta gris, de gran calidad, muchas de ellas imitando las producciones tardías de la terra sigillata. |