Cerámica: Cerámica engobada

Dentro del repertorio de la cerámica común, merece una especial atención la denominada “cerámica engobada lucense”, caracterizada por su pasta (depurada, micácea, de estampa laminada y relativamente dura), y por la presencia de un pigmento rojo que las cubre y que se aplica de diferente manera según el perfil o función del recipiente. Son habituales también, en muchos de los ejemplares, la presencia de marcas de alfarero (Quinti, Rufi, Rufiani, Secundi, Saturnini, Capito), que dan idea del especial prestigio del que gozaba esta producción en Lucus Augusti.

Se trata por lo tanto de una producción de carácter local, especialmente longeva, que se mantiene activa desde el siglo II hasta el siglo V d.C., o algo más, constituyendo un importante emporio de fabricación y distribución cerámica a tenor de la abundancia de los hornos hallados y de la dispersión de algunas de sus producciones, que dominan, principalmente, los mercados regionales. Entre las primeras producciones de este tipo, destacan las copas de imitación de terra sigillata gálica. Pero las producciones más características son los cuencos troncocónicos y los platos, con el añadido, a finales de la tercera centuria, de una serie de jarras y diversos recipientes de imitación, como cuencos y grandes bandejas, inspirados en los ejemplares tardíos de la terra sigillata.

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