| Cerámica |
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La cerámica es sin duda el material más frecuente en el registro arqueológico. Su interés reside en que ofrece una variada información sobre los flujos comerciales, la vida cotidiana, los usos y costumbres, además de ser un importante fósil director de los diferentes contextos arqueológicos de la ciudad. Las producciones importadas están representadas mayoritariamente por la terra sigillata y las paredes finas. Las primeras, particularmente abundantes en la ciudad, proceden de los centros productores más importantes, que en los siglos I y II operaban en Italia, en el sur de la Galia, pero también en el norte y sur de la Península Ibérica. Más tarde, en el período bajo-imperial, se documentan las llamadas sigillatas hispánicas tardías, producidas en los valles de los ríos Ebro y Duero, así como también algunas producciones procedentes del norte de Africa. Al mismo tiempo que las primeras producciones importadas, aparecen en la ciudad cerámicas comunes de fabricación local, cuyos centros de producción o talleres se localizan al norte de la ciudad. Estas producciones, afines en un primer momento a los productos de la Edad del Hierro, ofrecen posteriormente un variado repertorio de formas y tamaños ya en la línea de las modas y modelos romanos, utilizadas como vajilla de mesa, en la cocina o para almacenaje. Otras cerámicas, como las lucernas, usadas en la iluminación, o las ánforas, para el transporte de vino, aceite o preparados de pescado, ocupan también un lugar destacado entre los productos cerámicos. |